sábado, 27 de julio de 2013

Capítulo 19: El Caballero Medieval

La cafetería estaba a rebosar. Sólo quedaba un asiento libre, por lo que me apropié de él lo más rápido que pude. Cuando me quise dar cuenta, estaba compartiendo mesa con un hombre de pelo blanco, con alguna que otra arruga tan profunda como un cráter, bien afeitado y vestido con un polo negro de marca. Me recibió con una sonrisa.
-Hay más gente que en la guerra ¿eh?, me dijo.
-Eso parece, respondí con una sonrisa. ¿Te importa compartir mesa?
-En absoluto. Me llamo Amadís, por cierto. Me tendió la mano.
-Circe. ¿No soy la única que tiene un nombre poco convencional o acaso estoy con el famoso Amadís de Gaula?
-Más bien lo primero, no soy tan viejo como el caballero. Digamos que mi padre era una versión de Don Quijote. Calló unos segundos. ¿Cuál es tu escusa?
-Era el nombre de mi abuela. ¿Me guardas el sitio? Necesito comida, si no empezaré a devorar cerebros.
Tras una leve risotada, asintió. El hambre había provocado que mis tripas rugiesen de tal forma que casi parecían hablar. Pedí el bollo más grande que había en la barra y volví con mi acompañante. Estuvimos hablando un buen rato, incluso después de acabar con el antojo. Amadís estaba en el hospital ya que su hijo estaba en coma.
-Estoy muy preocupado, pero sé que saldrá adelante. Es muy fuerte, me dijo.
Miré el reloj. Pensé que ya era hora de irse.
-Se me ha hecho tarde, dije finalmente
-Yo debería volver con mi hijo. Despertará de un momento a otro.

Nos despedimos con dos besos y me dirigí hasta mi coche. Durante el camino, no pude dejar de pensar en lo agradable que era Amadís. 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Capítulo 18: El Hambriento Dilema


Un increíblemente fuerte ruido de unos tacones invadió la sala que estaba sumida en un plácido silencio. El sonido se paró a mi lado. Giré levemente la cabeza y vi una chica, más o menos de mi edad, alta, morena, más pintada que una puerta y con un escote que hacía que la vista se me desviara. Esas dos que se asomaban tenían que ser operadas porque si no, el azar era muy injusto. Tina se secó las lágrimas y saludó a la acoplada con un fuerte abrazo. Luego me presentó:

-Arya, te presento a Circe, es una amiga de toda la vida de Mirio.

-Encantada, me dijo tendiéndome la mano y embozando una sonrisa de caballo. Nunca había visto unos dientes tan enormes.

-Lo mismo digo, respondí con una sonrisa menos exagerada que ella.

Arya se desplazó hasta Mirio y le besó. Me quedé boquiabierta. ¿Y esas libertades? Tina me miró y viendo mi cara sorprendida me susurró:

-Arya es la mujer de Mirio. Se casaron poco antes del accidente. Vaya luna de miel están pasando.

-Entiendo, en realidad no entendía nada. ¿Y cuánto has dicho que llevan casados?

-Tres semanas, respondió la mujer.

-Lo siento mucho, fue lo único que se me ocurrió decir por no arrancarle la cabeza de los hombros.

¿Que era su mujer? Qué más me daba a mí eso. Yo era la madre de su hijo. Eso tenía que ser más importante para él. ¿Estás casado? ¡Pues pide el divorcio, que no es nada nuevo! En cambio no puedes dejar de ser padre. Nunca. Mis tripas rugieron por el hambre.

-Si me disculpáis, voy a la cafetería. Hasta luego, les dije falsamente sonriente.

Salí de la habitación, enfurecida. ¡Cuando vino conmigo ya estaba prometido! ¿Cómo se atrevía a hacerme esto? En realidad tan sólo tenía que decirle a su mujercita que estaba embarazada de él, montaríamos un complot contra él. Era muy sencillo, pero… de lo dicho a lo hecho hay un buen trecho. Y además, estaba casado, destruiría una bonita relación. Aunque, mirándolo desde otro punto de vista… ¡Mi hijo vale mucho más que una simple relación! Tenía que dejar de pensar en ello, en ellos y comenzar a pensar en mí y en el enorme bollo de chocolate que me iba a meter entre pecho y espalda.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Capítulo 17: Jirones


-Perdone, ¿La conozco?, pregunté extrañada.

-¿Es que no te acuerdas de mí? Soy Tina, la madre de Mirio. Jugabais juntos cuando erais pequeños.

Una luz se encendió en mi mente. Era imposible. ¿De verdad me había acostado con él? Era todo un logro por mi parte. Para que me comprendáis, os contaré una pequeña historia.

Erase una vez, una niña que tenía un mejor amigo. Se conocían desde siempre y jugaban todos los días. Más que amigos, eran hermanos. Pero, un día, la madre de la niña se enfadó mucho con la madre del otro que provocó una desgracia: la distanciación de los niños. Cuando fueron mayores, coincidieron en el mismo instituto pero ya no se hablaban. Ella, al verlo en su día a día, acabó enamorándose de él, pero por su falta de seguridad en sí misma, no se atrevía a acercarse a hablarle. Ella, con la autoestima por los suelos a causa de llevar gafas, aparato dental y tener un ligero sobrepeso, jamás pudo confesarle sus sentimientos. Esa era la historia de mi vida, por lo menos en el instituto. Parece ser que el destino te depara sorpresas cuando menos te las esperas.

-¡Vaya, Tina! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal todo?

No pronunció palabra, tan sólo se escucharon sollozos por su parte.

-¿Tina? ¿Qué te ocurre?

-Ven al hospital La Princesa, en Diego de León, dijo con la voz quebrada.

Acto seguido colgó. Fui directa a mi cuarto y cogiendo ropa al azar me vestí y salí por la puerta. James se ofreció a llevarme pero como ya sabía, nunca había sitio para dejar el coche. Cogí el metro. Cuando llegué, en la pequeña puerta de urgencias, había una señora, en la que el tiempo dejó su sello. Tenía un cigarro en la mano y lágrimas en los ojos. Sin duda, era Tina. Me acerqué a ella y le di un abrazo. Rompió a llorar. Me estaba preocupando. Y mucho.

-¿Qué ocurre? ¿Le pasa algo a Mirio?

Me cogió del brazo. Me llevó a través de salas de espera llenas de gente, cruzamos pasillos, cogimos el ascensor  y finalmente entramos en una habitación con dos camillas. En una de ellas, encontré a mi amor platónico. Tenía vías intravenosas por todos lados, tubos, máquinas… Tan sólo de verle el corazón se me hizo trizas. No logré que ni una sola palabra saliera de mi boca, pues mi cerebro estaba intentando asimilar tal desgracia. Conseguí lanzarle una mirada de preocupación, sorpresa y lástima a Tina.

-Tuvo un accidente de coche, dijo sorbiéndose la nariz. Está en coma desde hace tres semanas.

Unas gotas saladas se deslizaron por mis mejillas. Me invadió el miedo de que fuera el padre de mi bebé y que no despertara de aquel sueño tan profundo. Algo dentro de mí me aseguró de que era su progenitor. Ya no podía creer otra cosa. Era él.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Capítulo 16: Del Otro Lado


Cuando el portazo sonó, me levanté y fui detrás de James. Lo único que se me ocurrió fue hablarle a través de la puerta:

-¡Oh, vamos James! No te enfades. Solo estaba bromeando.

No hubo respuesta.

-¡James! Si no abres la puerta ahora mismo, planto aquí el campamento y hasta que no salgas no me voy. No querrás que una mujer embarazada tenga que dormir en el suelo, ¿Verdad?

Ni una sola palabra salió de la habitación.

-Bueno, te dejo con tu monumental cabreo por una tontería. Tengo que hacer muchas cosas, como… Dar con el padre de esta criaturita, encontrarle un buen nombre y comprarle ropita por internet. Que duermas bien.

Me alejé de la puerta y exagerando los pasos de mi camino llegué hasta el sofá. Antes de que me hubiera sentado, James ya estaba junto a mí, con el portátil bajo el brazo. Nos acurrucamos en el asiento.

-Lo primero es lo primero, dijo James, ¿De cuánto estás?

-De un mes.

-De acuerdo, dame tu móvil.

Se lo tendí y en un documento de Word, empezó a anotar los nombres y números de teléfono de todos mis ligues.

-Esto es lo que vamos a hacer, me informó cual coronel, vas a llamar a todos tus pretendientes y a preguntarles si usasteis protección.

Comenzamos por Alberto y seguimos alfabéticamente, tachando todo aquel que no parecía sospechoso. Me sorprendió que muchos de esos hombres estuvieran casados, prometidos o en una relación, por informal que pareciera. Tendría que haberme informado mejor, ahora que me detenía a pensarlo. Cuando llegamos a la letra M, tras Manuel, Mauricio y Miguel, encontré un nombre que me resultaba muy familiar: Mirio. Peculiar nombre. Marqué el número que James me indicó.

-¿Dígame?, se oyó del otro lado del teléfono. Era una voz de mujer, que ya había disfrutado de sus mejores años. Sonaba cansada y bastante triste.

-Hola, buenas noches, saludé, querría hablar con Mirio, por favor.

-¿De parte de quién?

-Me llamo Circe.

-¡Oh, Dios bendito! ¿Circe, la pequeña Circe?

lunes, 29 de octubre de 2012

Capítulo 15: El Drama


Me acerqué a la ventanilla que daba al asiento de mi padre y le besé en la mejilla para despedirme.

-¿No quieres que te llevemos?, me ofreció.

-No, qué va. Tengo en coche aquí al lado.

El coche arrancó  y me dejó sola. Me dirigí al mío y llegué a casa, por fin. James todavía no había llegado, lo que me permitió seguir disfrutando de mi soledad. Fui a la nevera, me apoderé de una enorme tarrina de helado y me senté en el sofá a deleitarme de aquel manjar. Cambié de canal hasta que di con una película romántica y comencé a verla. He de precisar que nunca jamás me había decantado por ver este tipo de películas. Allá donde estén Indiana Jones u Hora Punta que se aparten Titanic o Crepúsculo. Pero, esta vez era distinta. Vi, por vez primera, Moulin Rouge. Y sinceramente, me gustó. Aunque de lo que más disfruté fue la cara que se le quedó a James, cuando entró en casa y me vio llorando como un bebé. Pero se calmó cuando se fijó que estaba viendo tal drama. Apostaría a que se la sabe de memoria.

Cuando terminamos de ver la película, nos quedamos en el sofá a charlar. Nos contamos nuestro día.

-Hoy en el trabajo, no me han dejado parar ni un momento. Ni siquiera para tomarme un sándwich…

-Oye, ¿Y qué tal te va con José?, le asombró lo directa que fui.

-Pues, bastante bien. Estoy muy contento con él. Creo que esto va enserio.

-Vaya, ¿Y te ves preparado para dar el paso? Con lo bien que estabas soltero y sin compromiso.

-¿Sabes? Yo creo que estaba harto de esa vida. Quiero madurar. Y tú deberías hacer lo mismo, esa criaturita debe tener una madre responsable.

-Sí, ya bueno, mejor otro día. ¿Pero vas a cerrar tus puertas? A lo mejor no es el hombre de tu vida.

-¿Qué estás insinuando?

-Nada, nada… Ah, hoy he conocido a un hombre guapísimo, inteligente y muy majo.

-¿Has quedado con él?

-¿Quedar? Pero si es gay.

James me fulminó con la mirada y se fue a su habitación.

lunes, 22 de octubre de 2012

Capítulo 14: Una Cita Desconcertante


Mi progenitora me fulminó con la mirada y añadió:

-¿Desde cuándo eres tan sincera con el ginecólogo?

-Desde que tú ya no me acompañas.

-¡Oigan, señoras!, interrumpió. Usted vaya a la camilla, dijo señalándome, y usted tome asiento, se dirigió a mi madre.

Luego se acercó a mí y me tendió una bata color verde enfermizo. Me señaló una cortinilla del mismo tono que el uniforme y me dio un ligero empujoncito hacia ella. Supongo que tendría que hacerlo, qué remedio. Cuando salí del cambiador, mi madre y el ginecólogo estaban teniendo una conversación como si de toda la vida se conociesen. Me aclaré la garganta para que se percataran de que ya estaba lista, por llamarlo de alguna forma. Me tumbé con las piernas en alto y el guaperas del médico me introdujo algo duro y frío.

-Como el feto es muy pequeño todavía, no se puede ver con la ecografía normal, me explicó totalmente calmado, estaba claro que el perjudicado aquí no era él. Si miras por la pantalla, podrás ver una especie de borrón. Pues eso es tu bebé.

Miré, siguiendo las indicaciones del médico y allí estaba. La mayor sorpresa que había tenido en mi vida. La verdad es que estaba un poco emocionada, lo que provocó que unas lágrimas salieran inconscientemente de mis ojos. Me las sequé rápidamente puesto que no me gustaba la idea de que alguien me viera llorar, y agraciadamente fue antes de que el atractivo doctor me viera.

-Normalmente las mujeres que atiendo suelen llorar en esta parte del proceso.

-Digamos que ella no va a ser una madre normal, dijo mi madre que miraba atentamente la pantalla a punto de llorar.

Tras constatar mi mirada fija en su nuca, añadió:

-En el buen sentido.

Tras terminar esta última frase, rompió a llorar como nunca antes la había visto.

-Mamá, estás llorando de alegría o es que estás borracha.

-No estoy tan borracha como para llorar.

Acto seguido me abrazó. Parecía que mi madre, después de todo, tenía su corazoncito.

-Doctor, interrumpí, como no me saque eso ahora, la que va a llorar soy yo.

El doctor se apresuró y tras cambiarme, dimos por terminada la cita. Al salir, vimos a mi padre en el coche. Había estado esperando todo el tiempo. De camino a su encuetro:

-Mamá, ¿Tienes una cita con el doctor?, dije de broma.

-Oh, por Dios hija, ¿No te has dado cuenta de que ese hombre era gay?

-Si te digo la verdad, lo estaba sospechando.

Eso me dio una grandísima idea: James.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Capítulo 13: La Sonrisa


Empecé la mañana escuchando un irritante ruido que se repetía una y otra vez. En efecto, se trataba del despertador. Intenté pararlo con fuertes manotazos pero no funcionó. Era la alarma del móvil. En primer lugar tuve que desbloquearlo y luego ya pude desactivarla. A continuación, miré el reloj: eran las ocho de la mañana de un segundo lunes. Tras abrir la ventana, salí hacia la cocina a desayunar pues el hambre me podía. Me serví unos exquisitos bollos, que sinceramente no sabía de dónde habían salido, y una buena taza de café con leche. Mientras saciaba mi apetito, James salió de su habitación. Parecía que añoraba más la cama que yo. Terminé de comer y, ya vestida, cogí el coche para ir al trabajo. Esta vez llegué puntual, sin prisas ni agobios, sólo aburrimiento. Después de dar las clases matutinas, hicimos una pausa de unos quince minutos, durante los cuales me dediqué a darle la noticia a Adriana y a llamar a mi queridísimo ginecólogo para concertar una cita. Logré una al terminar las clases. Si os estabais preguntando sobre la reacción de mi compañera, os informaré de que no estuvo muy contenta ya que se enteró de que no estaba casada, es más ni siquiera sabía quién era el padre. Ya terminadas las eternas clases, me puse en camino hacia la consulta del médico. Por el camino me llamaron tanto mi madre como James, pero les hice caso omiso: era una buena conductora.

-¡Circe!

Me llamaban para pasar al despacho de la tortura. Al entrar comprobé que el anciano que debería estar en aquella silla no estaba. Tan sólo había un atractivo hombre, en muy buena forma física que llamaba mi atención como no habían hecho en años. Esto parecía el comienzo de una película porno, salvo por lo del embarazo.

-Bien, Circe, cuéntame que te pasa, me dijo el apuesto médico.

Me quedé atolondrada, pero pude responder un minuto después bajo la mirada desconcertada del hombre.

-Pues… el otro día descubrí que estaba embarazada… y bueno, quería saber el estado del bebé.

-¿De cuándo está?

-De más o menos un mes

-Perfecto, pues quítese los pantalones y túmbese en la camilla, añadió con una sonrisa complaciente.

Eso me hizo pensar mal. ¿Y si era un pervertido peor que el anterior? Por muy bueno que estuviese no debería dejarme hacer tan rápidamente. Es por eso que estoy en esta situación.

-¿No vamos un poco deprisa? Podríamos esperar a la próxima cita médica…

Me miró sorprendido. Luego relajó la expresión.

-Vaya, ¿Marido celoso?

-¿Marido? No, no, no… Estoy soltera.

-Entonces es que te cuesta abrirte.

-De eso nada. Créame, es muy abierta de piernas, dijo una voz tras de mí. Con ese comentario sólo podía tratarse de mi madre.

Me giré hacia ella:

-¿Se puede saber cómo me has encontrado?

-Una amiga que está en la sala de espera me llamó para decirme que estabas aquí, me apartó con el brazo. Hola, encantada, me llamo Luisa, dijo sonriente al médico.

-Lo mismo digo. Oiga, ¿Ustedes son parientes?

Ambas asentimos, mi madre más sonriente que yo.

-Soy su hermana, informó mi madre.

-Más bien madre, corregí.