lunes, 22 de octubre de 2012

Capítulo 14: Una Cita Desconcertante


Mi progenitora me fulminó con la mirada y añadió:

-¿Desde cuándo eres tan sincera con el ginecólogo?

-Desde que tú ya no me acompañas.

-¡Oigan, señoras!, interrumpió. Usted vaya a la camilla, dijo señalándome, y usted tome asiento, se dirigió a mi madre.

Luego se acercó a mí y me tendió una bata color verde enfermizo. Me señaló una cortinilla del mismo tono que el uniforme y me dio un ligero empujoncito hacia ella. Supongo que tendría que hacerlo, qué remedio. Cuando salí del cambiador, mi madre y el ginecólogo estaban teniendo una conversación como si de toda la vida se conociesen. Me aclaré la garganta para que se percataran de que ya estaba lista, por llamarlo de alguna forma. Me tumbé con las piernas en alto y el guaperas del médico me introdujo algo duro y frío.

-Como el feto es muy pequeño todavía, no se puede ver con la ecografía normal, me explicó totalmente calmado, estaba claro que el perjudicado aquí no era él. Si miras por la pantalla, podrás ver una especie de borrón. Pues eso es tu bebé.

Miré, siguiendo las indicaciones del médico y allí estaba. La mayor sorpresa que había tenido en mi vida. La verdad es que estaba un poco emocionada, lo que provocó que unas lágrimas salieran inconscientemente de mis ojos. Me las sequé rápidamente puesto que no me gustaba la idea de que alguien me viera llorar, y agraciadamente fue antes de que el atractivo doctor me viera.

-Normalmente las mujeres que atiendo suelen llorar en esta parte del proceso.

-Digamos que ella no va a ser una madre normal, dijo mi madre que miraba atentamente la pantalla a punto de llorar.

Tras constatar mi mirada fija en su nuca, añadió:

-En el buen sentido.

Tras terminar esta última frase, rompió a llorar como nunca antes la había visto.

-Mamá, estás llorando de alegría o es que estás borracha.

-No estoy tan borracha como para llorar.

Acto seguido me abrazó. Parecía que mi madre, después de todo, tenía su corazoncito.

-Doctor, interrumpí, como no me saque eso ahora, la que va a llorar soy yo.

El doctor se apresuró y tras cambiarme, dimos por terminada la cita. Al salir, vimos a mi padre en el coche. Había estado esperando todo el tiempo. De camino a su encuetro:

-Mamá, ¿Tienes una cita con el doctor?, dije de broma.

-Oh, por Dios hija, ¿No te has dado cuenta de que ese hombre era gay?

-Si te digo la verdad, lo estaba sospechando.

Eso me dio una grandísima idea: James.

No hay comentarios:

Publicar un comentario