Mi progenitora me fulminó con la mirada y
añadió:
-¿Desde cuándo eres tan sincera con el
ginecólogo?
-Desde que tú ya no me acompañas.
-¡Oigan, señoras!, interrumpió. Usted vaya a
la camilla, dijo señalándome, y usted tome asiento, se dirigió a mi madre.
Luego se acercó a mí y me tendió una bata
color verde enfermizo. Me señaló una cortinilla del mismo tono que el uniforme
y me dio un ligero empujoncito hacia ella. Supongo que tendría que hacerlo, qué
remedio. Cuando salí del cambiador, mi madre y el ginecólogo estaban teniendo
una conversación como si de toda la vida se conociesen. Me aclaré la garganta
para que se percataran de que ya estaba lista, por llamarlo de alguna forma. Me
tumbé con las piernas en alto y el guaperas del médico me introdujo algo duro y
frío.
-Como el feto es muy pequeño todavía, no se
puede ver con la ecografía normal, me explicó totalmente calmado, estaba claro
que el perjudicado aquí no era él. Si miras por la pantalla, podrás ver una
especie de borrón. Pues eso es tu bebé.
Miré, siguiendo las indicaciones del médico y
allí estaba. La mayor sorpresa que había tenido en mi vida. La verdad es que
estaba un poco emocionada, lo que provocó que unas lágrimas salieran
inconscientemente de mis ojos. Me las sequé rápidamente puesto que no me
gustaba la idea de que alguien me viera llorar, y agraciadamente fue antes de
que el atractivo doctor me viera.
-Normalmente las mujeres que atiendo suelen
llorar en esta parte del proceso.
-Digamos que ella no va a ser una madre
normal, dijo mi madre que miraba atentamente la pantalla a punto de llorar.
Tras constatar mi mirada fija en su nuca,
añadió:
-En el buen sentido.
Tras terminar esta última frase, rompió a
llorar como nunca antes la había visto.
-Mamá, estás llorando de alegría o es que
estás borracha.
-No estoy tan borracha como para llorar.
Acto seguido me abrazó. Parecía que mi madre,
después de todo, tenía su corazoncito.
-Doctor, interrumpí, como no me saque eso
ahora, la que va a llorar soy yo.
El doctor se apresuró y tras cambiarme, dimos
por terminada la cita. Al salir, vimos a mi padre en el coche. Había estado esperando
todo el tiempo. De camino a su encuetro:
-Mamá, ¿Tienes una cita con el doctor?, dije
de broma.
-Oh, por Dios hija, ¿No te has dado cuenta de
que ese hombre era gay?
-Si te digo la verdad, lo estaba sospechando.
Eso me dio una grandísima idea: James.
No hay comentarios:
Publicar un comentario