Un increíblemente fuerte ruido de unos
tacones invadió la sala que estaba sumida en un plácido silencio. El sonido se
paró a mi lado. Giré levemente la cabeza y vi una chica, más o menos de mi
edad, alta, morena, más pintada que una puerta y con un escote que hacía que la
vista se me desviara. Esas dos que se asomaban tenían que ser operadas porque
si no, el azar era muy injusto. Tina se secó las lágrimas y saludó a la
acoplada con un fuerte abrazo. Luego me presentó:
-Arya, te presento a Circe, es una amiga de
toda la vida de Mirio.
-Encantada, me dijo tendiéndome la mano y
embozando una sonrisa de caballo. Nunca había visto unos dientes tan enormes.
-Lo mismo digo, respondí con una sonrisa
menos exagerada que ella.
Arya se desplazó hasta Mirio y le besó. Me quedé
boquiabierta. ¿Y esas libertades? Tina me miró y viendo mi cara sorprendida me
susurró:
-Arya es la mujer de Mirio. Se casaron poco
antes del accidente. Vaya luna de miel están pasando.
-Entiendo, en realidad no entendía nada. ¿Y
cuánto has dicho que llevan casados?
-Tres semanas, respondió la mujer.
-Lo siento mucho, fue lo único que se me
ocurrió decir por no arrancarle la cabeza de los hombros.
¿Que era su mujer? Qué más me daba a mí eso. Yo
era la madre de su hijo. Eso tenía que ser más importante para él. ¿Estás
casado? ¡Pues pide el divorcio, que no es nada nuevo! En cambio no puedes dejar
de ser padre. Nunca. Mis tripas rugieron por el hambre.
-Si me disculpáis, voy a la cafetería. Hasta
luego, les dije falsamente sonriente.
Salí de la habitación, enfurecida. ¡Cuando vino
conmigo ya estaba prometido! ¿Cómo se atrevía a hacerme esto? En realidad tan
sólo tenía que decirle a su mujercita que estaba embarazada de él, montaríamos
un complot contra él. Era muy sencillo, pero… de lo dicho a lo hecho hay un
buen trecho. Y además, estaba casado, destruiría una bonita relación. Aunque,
mirándolo desde otro punto de vista… ¡Mi hijo vale mucho más que una simple
relación! Tenía que dejar de pensar en ello, en ellos y comenzar a pensar en mí
y en el enorme bollo de chocolate que me iba a meter entre pecho y espalda.