Me acerqué a la ventanilla que daba al
asiento de mi padre y le besé en la mejilla para despedirme.
-¿No quieres que te llevemos?, me ofreció.
-No, qué va. Tengo en coche aquí al lado.
El coche arrancó y me dejó sola. Me dirigí al mío y llegué a
casa, por fin. James todavía no había llegado, lo que me permitió seguir
disfrutando de mi soledad. Fui a la nevera, me apoderé de una enorme tarrina de
helado y me senté en el sofá a deleitarme de aquel manjar. Cambié de canal
hasta que di con una película romántica y comencé a verla. He de precisar que
nunca jamás me había decantado por ver este tipo de películas. Allá donde estén
Indiana Jones u Hora Punta que se aparten Titanic
o Crepúsculo. Pero, esta vez era
distinta. Vi, por vez primera, Moulin
Rouge. Y sinceramente, me gustó. Aunque de lo que más disfruté fue la cara
que se le quedó a James, cuando entró en casa y me vio llorando como un bebé.
Pero se calmó cuando se fijó que estaba viendo tal drama. Apostaría a que se la
sabe de memoria.
Cuando terminamos de ver la película, nos
quedamos en el sofá a charlar. Nos contamos nuestro día.
-Hoy en el trabajo, no me han dejado parar ni
un momento. Ni siquiera para tomarme un sándwich…
-Oye, ¿Y qué tal te va con José?, le asombró
lo directa que fui.
-Pues, bastante bien. Estoy muy contento con
él. Creo que esto va enserio.
-Vaya, ¿Y te ves preparado para dar el paso?
Con lo bien que estabas soltero y sin compromiso.
-¿Sabes? Yo creo que estaba harto de esa
vida. Quiero madurar. Y tú deberías hacer lo mismo, esa criaturita debe tener
una madre responsable.
-Sí, ya bueno, mejor otro día. ¿Pero vas a
cerrar tus puertas? A lo mejor no es el hombre de tu vida.
-¿Qué estás insinuando?
-Nada, nada… Ah, hoy he conocido a un hombre
guapísimo, inteligente y muy majo.
-¿Has quedado con él?
-¿Quedar? Pero si es gay.
James me fulminó con la mirada y se fue a su
habitación.