Crucé la puerta. Hogar dulce hogar. En el
aire tan sólo se respiraba tranquilidad. Eso era muy extraño en esta casa. Sí, era
muy extraño… Como si faltara algo.
-¡James! ¡James!, no había respuesta.
Me dirigí hasta su habitación y abrí la
puerta mientras decía su nombre.
-James…
En ese momento, algo se movía debajo de la
sabana de la cama de James y se oían risitas. Cerré la puerta de golpe con la
esperanza de que no me hubieran oído y me fui silenciosamente hasta mi cuarto.
Allí me tumbé en la cama y comencé a reírme tontamente. Mis tripas rugieron
como esta mañana: el hambre me volvió a invadir. Fui a la cocina, cogí la tortilla
que sobró anoche y comencé a comérmela casi con ansia. La puerta del cuarto de
mi compañero de piso se abrió y salió, junto a él, un hombre un poco más bajo,
moreno y con unos impactantes ojos verdes. Se despidieron con un apasionado beso.
Acto seguido James se puso a mi lado y empezó a picotear de mi comida, en
contra de mi voluntad.
-¿Quién era ese hombretón? Estaba para comérselo
y repetir, le dije exagerando la última frase.
-¿Es que no te conformas con los heteros que
ahora vas a por el novio de tu mejor amigo?
-¡Un momento! ¡Has dicho novio! Cuenta que me
tienes al margen de tu vida.
Se sentó en la encimera, acomodándose.
-Se llama José y llevamos un tiempo saliendo,
me informó sonriendo.
-Me alegro mucho por ti.
Me miró con expresión sorprendida.
-¿Quién te ha lavado el cerebro?
-¿Disculpa?
-¿Dónde está la chica que estaba totalmente
en contra de las relaciones y maldecía a las personas que sólo habían
practicado el sexo entre ellas?
-¡Oh, por Dios! Déjame, estoy intentando
comer. Y por cierto, si no fuera por mí, todas esas cosas que le estabas
haciendo a tu novio ahí dentro no las sabrías hacer.
-Ah, es verdad, tú me sacaste del armario,
cuando me enseñaste tales cosas.
-Sí, y quiero pensar que saliste porque no
eres lo suficientemente hombre para tanta mujer.
Su mirada tornó desafiante y me cogió,
alzándome en su hombro y me lanzó contra el sofá. Luego empezó a hacerme cosquillas
y se tumbó a mi lado.
-¿Dónde has estado esta noche? Me tenías
preocupado.
-Lo siento, papá. La próxima vez llamaré, si
no estoy muy borracha. Y, ahora, si me disculpas voy a echar el chocolate
caliente.
Me dirigí a paso ligero al baño y vomité lo
que tomé esa mañana. Tanto movimiento no era bueno para mí. James apareció detrás
de mí y me sujetó el pelo.
-Gracias, le susurré.
-Como en el baile de fin de curso.
Cuando mi estómago volvió a quedar vacío, me
lavé los dientes y me dirigí de nuevo a la cocina. James me había preparado una
saludable ensalada. Qué asco, ni que fuera una vaca. Al principio me quejé pero
luego me sentó tan bien que incluso se lo agradecí.
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