domingo, 30 de septiembre de 2012

Capítulo 7: ¿Hogar dulce hogar?


Crucé la puerta. Hogar dulce hogar. En el aire tan sólo se respiraba tranquilidad. Eso era muy extraño en esta casa. Sí, era muy extraño… Como si faltara algo.

-¡James! ¡James!, no había respuesta.

Me dirigí hasta su habitación y abrí la puerta mientras decía su nombre.

-James…

En ese momento, algo se movía debajo de la sabana de la cama de James y se oían risitas. Cerré la puerta de golpe con la esperanza de que no me hubieran oído y me fui silenciosamente hasta mi cuarto. Allí me tumbé en la cama y comencé a reírme tontamente. Mis tripas rugieron como esta mañana: el hambre me volvió a invadir. Fui a la cocina, cogí la tortilla que sobró anoche y comencé a comérmela casi con ansia. La puerta del cuarto de mi compañero de piso se abrió y salió, junto a él, un hombre un poco más bajo, moreno y con unos impactantes ojos verdes. Se despidieron con un apasionado beso. Acto seguido James se puso a mi lado y empezó a picotear de mi comida, en contra de mi voluntad.

-¿Quién era ese hombretón? Estaba para comérselo y repetir, le dije exagerando la última frase.

-¿Es que no te conformas con los heteros que ahora vas a por el novio de tu mejor amigo?

-¡Un momento! ¡Has dicho novio! Cuenta que me tienes al margen de tu vida.

Se sentó en la encimera, acomodándose.

-Se llama José y llevamos un tiempo saliendo, me informó sonriendo.

-Me alegro mucho por ti.

Me miró con expresión sorprendida.

-¿Quién te ha lavado el cerebro?

-¿Disculpa?

-¿Dónde está la chica que estaba totalmente en contra de las relaciones y maldecía a las personas que sólo habían practicado el sexo entre ellas?

-¡Oh, por Dios! Déjame, estoy intentando comer. Y por cierto, si no fuera por mí, todas esas cosas que le estabas haciendo a tu novio ahí dentro no las sabrías hacer.

-Ah, es verdad, tú me sacaste del armario, cuando me enseñaste tales cosas.

-Sí, y quiero pensar que saliste porque no eres lo suficientemente hombre para tanta mujer.

Su mirada tornó desafiante y me cogió, alzándome en su hombro y me lanzó contra el sofá. Luego empezó a hacerme cosquillas y se tumbó a mi lado.

-¿Dónde has estado esta noche? Me tenías preocupado.

-Lo siento, papá. La próxima vez llamaré, si no estoy muy borracha. Y, ahora, si me disculpas voy a echar el chocolate caliente.

Me dirigí a paso ligero al baño y vomité lo que tomé esa mañana. Tanto movimiento no era bueno para mí. James apareció detrás de mí y me sujetó el pelo.

-Gracias, le susurré.

-Como en el baile de fin de curso.

Cuando mi estómago volvió a quedar vacío, me lavé los dientes y me dirigí de nuevo a la cocina. James me había preparado una saludable ensalada. Qué asco, ni que fuera una vaca. Al principio me quejé pero luego me sentó tan bien que incluso se lo agradecí.

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