martes, 25 de septiembre de 2012

Capítulo 1: Manzanas

El sonido de un timbre me despertó y la luz de… ¿La mañana? ¿Ya era por la mañana? Mis ojos se abrieron bruscamente y a pesar del daño que me causaban los rayos de sol busqué un reloj. Examiné la oscura habitación, llena de trastos, estanterías llenas de… ¡Qué más da eso! ¡Tenía que saber la hora! Caí en la cuenta de que llevaba uno de pulsera, así que me miré la muñeca… no estaba. Mi caro y precioso reloj no estaba. Mierda. Mierda, mierda, mierda… Me puse a mirar por todo el cuarto, e intentando investigar debajo de la cama me caí de ésta. Pero me levanté rápidamente y, del suelo, alcancé el vestido rojo con el que salí anoche. Tras vestirme me puse de nuevo con la búsqueda. Miré por todos lados y nada.

-Perdona, me dijo una voz dulce y monótona, la de una niña.

Levanté la mirada, pues estaba de rodillas, y de pie estaba una niña rubia, no tendría más de siete años. Entre sus diminutas manos sostenía mi preciado reloj. Me abalancé a por él y se lo arrebaté. Localicé mis zapatos y me los puse mientras salía de la habitación. En la puerta principal había dos personas discutiendo: la mujer que estaba fuera del apartamento y el hombre rubio, alto y bastante mono… Digamos era que mi tipo. Aminoré la marcha, intentando pasar inadvertida pero de pronto los cuatro ojos se posaron en mí. Me puse al lado del chico saludé e intenté escapar pero una mano agarró mi muñeca y me llevó hasta el cuerpo al que pertenecía.

-Así que habías cambiado, dijo la mujer un tanto enfadada.

El hombre la fulminó con la mirada, luego se volvió hacia mí y me dijo:

-¿Ya te tienes que ir?

-Pues debería, le respondí mientras me rodeaba con los brazos. Puaj, sí que es pegajoso. Un momento… ¿Cómo se llamaba? Vi por encima de su hombro un Mac. Mac es de Apple, Apple es manzana en inglés, las manzanas ayudaron a Newton y el nombre de Newton es… ¡Isaac!

-No pensabas irte sin despedirte, ¿Verdad?

-Isaac, ¿Cómo puedes pensar eso? Bueno, se está haciendo tarde y no quiero interrumpiros así que… me voy. Que os vaya bien.

Le di un beso en la mejilla y me fui por el pasillo.

-¡Te llamaré!, gritó a lo lejos.

“Ni se te ocurra”, pensé yo.

En el ascensor por fin pude ver la hora. ¡Eran las 9:30! Tenía media hora para estar en el centro. Pero… ¿Dónde diablos estaba? Lo de salir los domingos por la noche no era buena idea. Cuando las puertas se abrieron salí corriendo hacia la calle y le pregunté a una mujer mayor cual era mi ubicación. La mujer, por si no tuviera prisa, empezó a reírse y a compararme con los despistados de sus nietos, pero al final, presionándola pude sacarle la información. En Alcobendas. Estaba en Alcobendas y tenía que estar en Gran Vía en media hora, sin mencionar que es hora punta y encima lunes. Como odiaba los lunes.

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