jueves, 27 de septiembre de 2012

Capítulo 5: El Derrame


-Bueno… Quiero decir que… ¡Rápido! ¡Necesitaba una excusa de inmediato! ¡Vamos, piensa!, la verdad es que hemos quedado para cenar, sí… en el hospital.

Su cara tornó sorprendida. Por favor, tenía que creérselo…

-Vaya, y ¿Qué le ha pasado para que esté ingresado?

-Pues resulta de que… Tuvo un derrame cerebral, esta mañana y… ya sabe… tuve que acompañarle para ver qué tal le iba y tal… además no le gustan los hospitales. Ya sabe, enfermeras, inyecciones, gérmenes por doquier…

-Ya veo… bueno, y ¿Qué tal se encuentra ahora?

-Ya está estable, dije embozando una sonrisa. Si me disculpa, tengo que ir a dar clase.

Me fui pitando al aula y allí estaban mis alumnos, más conocidos como el futuro de España: algunos estaban de pie sobre las mesas, otros gritando como si no hubiera mañana, dos metiéndose la lengua hasta la campanilla y unos cuantos tirando bolas de papel y escribiendo gilipolleces en la pizarra. Supongo que si fueran a ser los nuevos monos del zoo, estaría más tranquila. El macho alfa de la clase, por llamarlo de alguna forma, gritó:

-¡La profe ha llegado!

Mis alumnos se pusieron a aplaudir y entre silbidos y halagos llegué hasta mi mesa. Me senté pero los críos no hicieron lo mismo, siguieron con sus menesteres. Cogí mi bolso de fiesta y di un golpe en la mesa con él. Agradecí que fuera duro, porque si no mi móvil, así como otros objetos valiosos que llevaba quedarían destrozados. El sonido, por suerte, tuvo cierto impacto entre los monos de feria y se sentaron correctamente. Sus caras, de pronto, parecían angelicales y atentas. Me levanté de mi sitio y me puse frente a ellos. Algunas chicas, se quedaron mirando mis pies (he de admitirlo, mis zapatos de tacón alto eran, como poco, legendarios).

-¿Qué, te gustan?, le pregunté a la chica de la primera fila.

Ella se limitó a sonreír y a asentir.

-¡Y a mí también señora!, exclamó una de la última fila.

De repente un eco de “Y a mí” que provenían de voces femeninas se levantó e invadió toda la sala. Rogué silencio y a continuación dije:

-¿Queréis dar una clase sobre mis zapatos o una sobre sintaxis?

-¡De sintaxis, por favor!, rogó un chico.

-¡No! ¡No le haga caso, señora!, dijeron la mayoría a coro.

-Pues hoy no va a ser de ni uno ni lo otro, les informé. Había pensado en hacer un debate, sólo si hay silencio.

Algunos se entusiasmaron, otros resoplaron y los que quedaban, miraban las musarañas.

-Preferimos que nos cuente su vida, que es más interesante que el aborto, dijo la chica del fondo.

-Vaya, creo que es lo más bonito que me han dicho hoy, dije. Pero, no pienso hacerlo. Así que sacad una hoja.

-¡No! ¡Examen no!

- Tranquilos, no es un examen. Pero podría convertirse en uno si no hay silencio. Voy a poneros un video y quiero que elijáis una persona que aparezca y que os inventéis su vida. ¿Entendido?

No les di tiempo a quejarse y aunque lo hubieran hecho no les había hecho el más mínimo caso.

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