-Bueno… Quiero decir que… ¡Rápido! ¡Necesitaba
una excusa de inmediato! ¡Vamos, piensa!, la verdad es que hemos quedado para
cenar, sí… en el hospital.
Su cara tornó sorprendida. Por favor, tenía
que creérselo…
-Vaya, y ¿Qué le ha pasado para que esté
ingresado?
-Pues resulta de que… Tuvo un derrame
cerebral, esta mañana y… ya sabe… tuve que acompañarle para ver qué tal le iba
y tal… además no le gustan los hospitales. Ya sabe, enfermeras, inyecciones,
gérmenes por doquier…
-Ya veo… bueno, y ¿Qué tal se encuentra
ahora?
-Ya está estable, dije embozando una sonrisa.
Si me disculpa, tengo que ir a dar clase.
Me fui pitando al aula y allí estaban mis
alumnos, más conocidos como el futuro de España: algunos estaban de pie sobre
las mesas, otros gritando como si no hubiera mañana, dos metiéndose la lengua
hasta la campanilla y unos cuantos tirando bolas de papel y escribiendo gilipolleces
en la pizarra. Supongo que si fueran a ser los nuevos monos del zoo, estaría
más tranquila. El macho alfa de la clase, por llamarlo de alguna forma, gritó:
-¡La profe ha llegado!
Mis alumnos se pusieron a aplaudir y entre
silbidos y halagos llegué hasta mi mesa. Me senté pero los críos no hicieron lo
mismo, siguieron con sus menesteres. Cogí mi bolso de fiesta y di un golpe en
la mesa con él. Agradecí que fuera duro, porque si no mi móvil, así como otros
objetos valiosos que llevaba quedarían destrozados. El sonido, por suerte, tuvo
cierto impacto entre los monos de feria y se sentaron correctamente. Sus caras,
de pronto, parecían angelicales y atentas. Me levanté de mi sitio y me puse
frente a ellos. Algunas chicas, se quedaron mirando mis pies (he de admitirlo,
mis zapatos de tacón alto eran, como poco, legendarios).
-¿Qué, te gustan?, le pregunté a la chica de
la primera fila.
Ella se limitó a sonreír y a asentir.
-¡Y a mí también señora!, exclamó una de la
última fila.
De repente un eco de “Y a mí” que provenían
de voces femeninas se levantó e invadió toda la sala. Rogué silencio y a
continuación dije:
-¿Queréis dar una clase sobre mis zapatos o
una sobre sintaxis?
-¡De sintaxis, por favor!, rogó un chico.
-¡No! ¡No le haga caso, señora!, dijeron la mayoría
a coro.
-Pues hoy no va a ser de ni uno ni lo otro,
les informé. Había pensado en hacer un debate, sólo si hay silencio.
Algunos se entusiasmaron, otros resoplaron y
los que quedaban, miraban las musarañas.
-Preferimos que nos cuente su vida, que es
más interesante que el aborto, dijo la chica del fondo.
-Vaya, creo que es lo más bonito que me han
dicho hoy, dije. Pero, no pienso hacerlo. Así que sacad una hoja.
-¡No! ¡Examen no!
- Tranquilos, no es un examen. Pero podría
convertirse en uno si no hay silencio. Voy a poneros un video y quiero que
elijáis una persona que aparezca y que os inventéis su vida. ¿Entendido?
No les di tiempo a quejarse y aunque lo
hubieran hecho no les había hecho el más mínimo caso.
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